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La eterna espera para los extranjeros


Autor:

18/10/2019

 

La pregunta es clara ¿pueden los niños extranjeros jugar en España?. La respuesta, a priori, parece también clara. Pero, por desgracia, no lo es tanto.

Observamos que tanto en primera como en segunda división, e incluso en segunda B y en tercera, son muchos los jugadores de diversas nacionalidades que participan en las mismas. ¿Qué ocurre en el caso del fútbol base?

La FIFA en su artículo 19 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores, tiene prohibida la transferencia y nueva inscripción de menores extranjeros, exceptuando tres supuestos. Esta normativa internacional, es aplicada por la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), la cual exige que se cumplan algunas de las excepciones para autorizar la inscripción en una competición futbolística oficial. Por lo que, de acuerdo a la normativa federativa, o el niño extranjero cumple con alguna de las tres excepciones o no podrá inscribirse en ninguna competición oficial.

Dichas tres excepciones son las siguientes:

  • Si los padres del jugador cambian su domicilio por razones no relacionadas con el fútbol, el menor podrá fichar por cualquier club del país del nuevo domicilio.

  • Que la transferencia se realice dentro del territorio de la Unión Europea o del Espacio Económico Europeo, y que el jugador tenga al menos 16 años.



  • La tercera excepción es la cercanía entre países. Consiste en que la familia del jugador menor reside a menos de 50 kilómetros de la frontera con otro Estado, y el club que lo ficha se encuentra también a menos de esa distancia de la misma frontera


Hasta aquí todo normal y entendible.

Los problemas empiezan a partir del momento del comienzo de los trámites burocráticos. Empezando por el “choque” entre diversas normativas, ya que las normas FIFA son normas federativas que en muchas ocasiones entran en conflicto con normas estatales o provinciales y viceversa.

El caso es que un menor, o varios, como los 13 que están esperando la autorización en León para poder disputar competiciones de base, ven como se alarga en el tiempo su debut junto a sus compañeros de equipo.

La cantidad de requisitos solicitados es tan amplia que primero, muchos rozan entrar en conflicto con la famosa y complicada Ley de Protección de datos, y segundo, muchas de dichas premisas solicitadas, en el caso de jugadores nacionales no podrían incluso por ellos ser cumplidas.

La documentación requerida pasa por la declaración de los padres explicando los motivos de residir en España, contrato de trabajo, incluyendo remuneración, tanto de la padre como de la madre del menor. Además de tener que explicar los medios de sustento económico, presentar certificado de empadronamiento y permiso de trabajo de ambos progenitores. Por supuesto, la solicitud del jugador argumentando donde y porque quiere jugar en ese determinado club.

Una vez presentada esta documentación hay que añadir una declaración jurada, ante notario, de no haber pertenecido a ningún otro club FIFA.

Cuando los padres han conseguido reunir toda la documentación, empieza la labor de los clubs. El club receptor del jugador envía todo a la Federación de Castilla y León de fútbol, la cual la remite a la española (RFEF), que a su vez lo pone en manos de la FIFA.

Y es aquí cuando los tiempos empiezan a dilatarse. La FIFA dependiendo del volumen de trabajo o de la época del año, pude tardar varios meses en emitir esa autorización, que además en el caso de tener que realizarse alguna enmienda a los documentos presentados, provoca de nuevo el comienzo del farragoso proceso.

Quizás una autorización provisional por parte federativa solucionaría en parte el problema del tiempo, mientras jugadores y progenitores cumplieran los requisitos. Esta autorización cautelar permitiría a los grandes perjudicados de esta historia, los niños, poder jugar mientras llega la oficial.

El caso, que mientras se espera la resolución FIFA, los jugadores que entrenan con sus compañeros (ya que entrenar si que pueden), ven como pasan las jornadas y entre lagrimas observan a sus equipos disputar partidos cada fin de semana.

En el caso leonés, hasta nueve clubs se encuentran en estos momentos en esta encrucijada de tiempo y esperas: Atlético Pinilla, Juventud Villaquilambre. CD Ejido, CDF San Andrés, Ribera Carrizo, Veguellina CF, Bosco, Casa de Asturias, CD La Bañeza y La Bañeza FS.

Leo es uno de esos niños. Alguien le ve un día  jugar al balón en el parque y le llama la atención. Habla con el niño y con el Pinilla. El niño encantado acude a un par de entrenamientos y el club quiere contar con él.

Así empieza su historia, pero así continua. Leo entrena con los benjamines, pero no puede jugar. Al menos de momento, al menos hasta que llegue la autorización.



Historias como las de Damián, Oscar, Aiman, David, Juan Pablo, Dylan o Said esperan su feliz desenlace mientras ven como pasan los días, las semana o incluso los meses y sólo pueden apoyar a sus compañeros de fútbol desde la grada y no desde el tapete verde.

Al fin y al cabo, Leo y el resto de jugadores implicados en esta telaraña administrativa sólo quieren algo que la lógica dice que no se les puede negar: jugar al fútbol.

Quizás si no hablamos de Leo ni del Atlético Pinilla, ni de la Casa Asturias, ni de Dylan o Said, y el caso englobará al Real Madrid o al FC Barcelona, los plazos serían diferentes. O quizás no.

 

Foto: Diario de León

 



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